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El Rincón de la Poesía

“Las piezas de ajedrez son los componentes del alfabeto que da forma a los pensamientos; y estos pensamientos, además de hacer un diseño visual del tablero de ajedrez, expresan su belleza de manera abstracta, como un poema... He llegado a la conclusión personal de que mientras que todos los artistas no son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez sí que son artistas”. Marcel Duchamp

Ajedrez

JORGE LUÍS BORGES

En su grave rincón, los jugadores

rigen las lentas piezas. El tablero

los demora hasta el alba en su severo

ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores

las formas: torre homérica...

Capablanca

Nicolás Guillén

¿Qué sé yo de ajedrez?

Nunca moví un alfil, un peón.

Tengo los ojos ciegos

para el álgebra, los caracteres griegos

y ese tablero filosófico

donde cada figura es

una interrogación...

Ajedrez

 

Porque esta vida no es

-como probaros espero-,

mas que un difuso tablero

de complicado ajedrez.

Los cuadros blancos: los días

los cuadros negros: las noches...

Y ante el tablero, el Destino

acciona allí con los hombres,

como con piezas que mueve

a su capricho y sin orden...

Y uno tras otro al estuche

van, de la nada sin nombre.

 

Omar Khayyám

Ajedrez

 

Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos;

quizá para añadir otro interés

a los muchos que ya nos obligaban

decidimos jugar juegos de inteligencia.

Pusimos un tablero en frente de nosotros:

equitativo en piezas, en valores,

en posibilidad de movimientos

Aprendimos la reglas, les juramos respeto

y empezó la partida.

Henos aquí hace un siglo, sentados, meditando

encarnizadamente

cómo dar el zarpazo único que aniquile

de modo inapelable, y para siempre, al otro.

 

Rosario Castellanos

Prodigio

 

Crecí doblado

sobre un tablero de ajedrez.

Amaba la palabra final.

Todos mis primos parecían preocupados.

Era una casa pequeña

cercana a un cementerio romano.

Aviones y tanques

sacudían los vidrios de sus ventanas.

Un profesor de astronomía jubilado

me enseñó a jugar.

Debe haber sido en 1944.

En el juego que empleábamos,

la pintura casi había saltado

de las piezas negras.

Se había perdido el rey blanco

y tenía que ser reemplazado.

Me dijeron pero no lo creí

que ese verano vería

hombres colgando de los postes del teléfono.

Recuerdo a mi madre

cegándome mucho.

Tenía una forma especial de meter mi cabeza

rápidamente bajo su abrigo.

En ajedrez, también, me dijo el profesor,

los maestros juegan a ciegas,

los mejores en varios tableros

a la vez.

 

Charles Simic